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 La práctica de la verdad semana 7

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hgo1939
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MensajeTema: La práctica de la verdad semana 7   Dom Sep 22, 2013 8:05 pm

La práctica de la verdad
Semana 7 - La práctica de la verdad
Lunes
Leer con oración:
Ef 1:3-14

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.”(Ef 4:1-2)
Las verdades reveladas deben convertirse en nuestra realidad
El tema de esta semana es “La práctica de la verdad”, y esta es la actitud que debemos tener: las verdades objetivas que oímos y en las cuales creemos deben convertirse en nuestra experiencia subjetiva.
El apóstol Pablo fue quien más escribió sobre la economía neotestamentaria de Dios. Para transmitirle esas verdades, el Señor lo arrebató al tercer cielo y le reveló palabras inefables. En Segunda de Corintios 12:2 y 4, Pablo dice: “Conozco a un hombre en Cristo (…) que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”. Debido a su humildad, él quiso ocultarse, sin afirmar que ese “hombre” era él mismo. Después que Pablo recibió esas palabras, Dios quiso que él las registrara, por medio de epístolas. Los 14 libros que escribió contienen esas verdades que recibió según la revelación que le fue dada (Ef 3:3).
Nosotros recibimos mucho beneficio de los escritos de Pablo y usamos las palabras que él registró, principalmente el libro de Efesios. Pero nuestra actitud en cuanto a las verdades de esa epístola es andar en ellas, es decir, aplicarlas a nuestro vivir.
Esa fue la actitud del apóstol Juan, cuando llegó a Éfeso. Él ya había madurado en la vida divina y llevó a la iglesia a andar en lo que Pablo le había escrito a los efesios. Juan sabía que aquello era lo que Dios más quería: dispensarse a nosotros.
En Efesios 1 vemos los tres aspectos de esa obra de dispensación: la obra del Padre en escogernos antes de la fundación del mundo y predestinarnos para la filiación (vs. 3-6), la obra del Hijo en redimirnos y llegar a ser la Cabeza de todas las cosas (vs. 7-12), y la obra del Espíritu en sellarnos y ser las arras de la herencia de Dios para nosotros (vs. 13-14). Por tanto, en esta porción vemos la economía neotestamentaria de Dios.
Por medio del dispensar del Dios Triuno, Su vida y naturaleza son infundidas en nosotros y podemos andar en la verdad, en la gracia, en amor, en la luz y en el Espíritu. Esos cinco tipos de andar son desvendados en los tres últimos capítulos del libro de Efesios.
Si invocamos el nombre del Señor y nos volvemos a nuestro espíritu, en el cual, habita el Espíritu de Dios, ciertamente obtendremos más de la vida divina, cuya manifestación es el amor. Mientras más vida recibimos, más el amor de Dios crece en nosotros y se manifiesta, tanto en la predicación del evangelio para los que aún no creen en el Señor, como en el cuidado con los que ya creyeron. ¡Que esto llegue a ser nuestra realidad!
Punto Clave:
Disfrutar el dispensar de Dios a nosotros.
Pregunta:
¿En qué esfera podemos disfrutar el dispensar del Dios Triuno a nosotros?

La práctica de la verdad
Semana 7 - La práctica de la verdad
Martes
Leer con oración:
Jn 1:1-5, 10-14; 16:7-16; 20:22; 1 Co 15:45

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”(Jn 16:13)
El dispensar del Dios Triuno
El libro de Efesios, de manera muy clara, nos trae la visión acerca de la economía neotestamentaria de Dios. El capítulo 1 habla del dispensar del Dios Triuno a nosotros, es decir, el trabajar del Dios Triuno en nuestra persona. Debemos conocer bien la obra del Padre, la del Hijo y la del Espíritu; para eso debemos leer varias veces el libro de Efesios. También necesitamos aplicar esta revelación a nuestro vivir diario.
Podemos decir que todo el encargo de Dios está en el libro de Efesios, que contiene palabras muy preciosas, pues Pablo las recibió al ser arrebatado al tercer cielo. Puesto que Dios quería que nosotros también las conociéramos, Él le confió a Pablo esa comisión de escribir lo que le fue revelado.
No obstante, no fue sólo Pablo quien escribió sobre el dispensar del Dios Triuno. El apóstol Juan también habla del Padre, del Hijo y del Espíritu en su evangelio. Juan 1:1 dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Luego, en el versículo 14 leemos: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Antes de Su encarnación, no teníamos ninguna posibilidad de tocar al Padre, pues Él habita en luz inaccesible (1 Ti 6:16). Sin embargo, ya que ahora Dios se hizo hombre, lleno de gracia y de verdad, por medio de Él tocamos la gracia y la verdad que el Padre tiene para nosotros. Mediante la encarnación del Verbo, la gracia y la verdad llegaron hasta nosotros.
Pese a ello, la obra de Dios no se detuvo allí. El Verbo encarnado murió por nosotros y puso fin a nuestro viejo hombre, que está unido a la vida del alma. Por medio de Él, todos los pecados que cometimos anteriormente fueron perdonados por la obra redentora en la cruz. La sangre que salió del costado herido de Jesús es eficaz para perdonar nuestros pecados y purificarnos de toda maldad.
Por haber estado cerca de la cruz, Juan vio que junto con la sangre salió agua, que representa la vida. ¡El Señor vertió Su vida por nosotros! Por tanto, además de ser lavados por Su sangre, la vida divina se volvió disponible a todo aquel que cree en el nombre del Señor. Por medio de Su muerte y resurrección, podemos tener un nuevo nacimiento.
Como el Hijo de Dios en carne, Él no podía estar para siempre con nosotros pero, como el Espíritu de verdad, o realidad, como el otro Consolador, el Señor podría entrar en nosotros, en nuestro espíritu, y estar para siempre con nosotros (Jn 14:16-18; 20:22). El primer Consolador era el mismo Señor Jesús, y Su responsabilidad era llevarnos a nosotros, los pecadores, al Padre. Después de la muerte y resurrección, Él se hizo el Espíritu de realidad a fin de entrar en nosotros (15:26; cfr. 1 Co 15:45b). ¡Aleluya! ¡Hoy el Dios Triuno mora en nosotros!
Punto Clave:
Fuimos escogidos, predestinados, redimidos y regenerados.
Pregunta:
¿Cómo presenta Juan el dispensar del Padre, del Hijo y del Espíritu en su evangelio?

La práctica de la verdad
Semana 7 - La práctica de la verdad
Miércoles
Leer con oración:
Ef 3:1-3; 4:1; Fil 1:13; Col 1:25; 4:9; Flm 1, 9, 22

“El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos.”(Col 1:26)
La economía de Dios en los escritos de Pablo
La economía de Dios, o Su dispensar, tiene dos etapas: la del Antiguo y la del Nuevo Testamento. La del Antiguo Testamento fue revelada a Moisés cuando estuvo en el monte durante 40 y 40 noches. En cambio, la economía neotestamentaria le fue revelada a Pablo y transmitida a nosotros en sus escritos. Todas las revelaciones contenidas en sus 14 epístolas no podían ser escritas con pocas palabras en un corto periodo de tiempo. Sin embargo, a pesar de haber discursado sobre la economía de Dios en Efesios 1, Pablo no pudo detallar aquellas palabras y ayudar a los hermanos a practicarlas en su vivir.
De entre los escritos de Pablo tenemos, primeramente, Gálatas y Romanos. Según los historiadores, el libro de Gálatas fue escrito aproximadamente en el año 54, cuando Pablo estaba en Corinto (cfr. Hch 18:1, 11). Luego, la carta a los hermanos en Roma debe haber sido escrita más tarde, alrededor del año 60, también en Corinto (Ro 15:25-32; Hch19:21; 20:1-3). Luego tenemos cuatro libros más, que son pares, Primera y Segunda de Corintios, y Primera y Segunda de Tesalonicenses, completando así un total de seis libros escritos antes de ir a Roma.
Primera de Corintios probablemente fue escrito aproximadamente en el año 60, cuando Pablo estaba en Éfeso (Hch 19:21-22; 1 Co 16:3-8, 19), y Segunda Corintios poco tiempo después, cuando él estaba en Macedonia (2 Co 2:13; 7:5-6; 8:1; 9:2, 4). Primera de Tesalonicenses debe haber sido escrito más o menos en el año 54, en Corinto, en el segundo viaje ministerial de Pablo, porque Silvano, que es Silas, estaba con él (1 Ts 1:1; 3:6; Hch 18:1, 5), y Segunda Tesalonicenses, poco tiempo después (2 Ts 1:1).
Durante las jornadas de Pablo a favor del evangelio, muchos lo persiguieron y quisieron matarlo. No obstante, aunque estaba en medio de situaciones tan difíciles y estando tan ocupado, él apartó un tiempo para escribirles a ciertas iglesias. Pero la revelación de la economía de Dios, de Su dispensar, que él relata en Efesios 1, aún no había sido escrita.
Sólo después de su aprisionamiento él pudo tener paz y tiempo para hacer eso. En la prisión en Roma él escribió a los efesios (Hch 28:30; Ef 3:1; 4:1; 6:20), a los filipenses (Fil 1:13), a los colosenses (Col 4:9) y a Filemón (Flm 1, 9, 22). Como veremos en la lectura de mañana, el Señor le salvó la vida a Pablo en Jerusalén para que él pudiera completar su ministerio epistolar (Col 1:25-27). ¡Gracias al Señor por Su revelación transmitida a nosotros en las epístolas de Pablo!
Punto Clave:
La Palabra escrita nos permitió conocer la voluntad de Dios.
Pregunta:
¿De qué manera el Señor usó a Pablo en su primer aprisionamiento?

La práctica de la verdad
Semana 7 - La práctica de la verdad
Jueves
Leer con oración:
Hch 21:19-21; Gá 3:1-11, 23; 5:1-2, 4, 6

“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado (Gá 2:16). No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo”(Hch 21:21)
El ministerio epistolar de pablo
Al final de su tercer viaje ministerial, Pablo fue a Jerusalén a llevar la ofrenda para los necesitados, de parte de los santos de Macedonia y Acaya (Hch 19:21; 2 Co 8:1; 9:2, 4). Él incluso le pidió a los hermanos en Roma que oraran para que su servicio en Jerusalén fuera bien aceptado por los santos (Ro 15:25-32). Una vez estando en Jerusalén, sucedió que, Pablo, “a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio. Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley” (Hch 21:19-20). Ellos estaban preocupados porque temían que los judíos se incomodaran con la presencia de alguien que predicaba que, una vez salvos, los judíos creyentes ya no necesitaban de la ley y de las costumbres del Antiguo Testamento, ni circuncidar a los hijos (vs. 21-22; Cfr. Gá 2:16, 21; 3:1-11, 23; 5:1-2, 6).
Por eso sugirieron que Pablo hiciera un voto de nazareato a fin de conciliar el evangelio con la ley (Hch 21:23-24).
El voto del nazareo en el Antiguo Testamento era para personas que no eran levitas, es decir, no estaban calificadas para servir al Señor como sacerdotes, pero querían participar de ese servicio (Nm 6:1-21). Ese voto servía sólo durante un periodo; un nazareo no era un sacerdote vitalicio. Probablemente por causa de la presión de la esfera religiosa que allí había, Pablo aceptó hacer el voto (Hch 21:26). En el caso de que Pablo hubiera cumplido el voto hasta el final, un gran problema surgiría: habría sido el fin de su servicio espiritual, pues él mismo estaría volviéndose a la ley, después de haber predicado que no se debía estar debajo de su yugo, y anularía para sí mismo el sacrificio de la cruz de Cristo (Gá 2:21; 5:4).
Para realizar el voto había una preparación de siete días. Por la soberanía del Señor, finalizando los siete días, los judíos provenientes de Asia vieron a Pablo en el templo y alborotaron a todo el pueblo y lo aprendieron (v. 27). La intención de ellos era matarlo, pero el Señor no lo permitió e intervino en la situación (v. 31).
Pablo fue tomado preso en Jerusalén y más tarde, puesto que los judíos aún querían matarlo, fue llevado a Cesarea, para ser juzgado por los representantes romanos. El Señor preservó a Pablo para que él completara la comisión de escribir las catorce epístolas, de las cuales sólo seis estaban listas. Si Pablo hubiera muerto en aquella ocasión, no habríamos tenido los ocho libros restantes. Pero el Señor cuida celosamente de Su palabra. ¡Aleluya!
Punto Clave:
No más la ley y sí más Cristo.
Pregunta:
¿De qué modo el Señor salvó a Pablo de volver al judaísmo?

La práctica de la verdad
Semana 7 - La práctica de la verdad
Viernes
Leer con oración:
1 Ti 1:3, 6-7; 6:3-5; Flm 1-25

““Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.”(1 Ti 6:11)
Los cuatro libros escritos en la prisión
Mientras era prisionero en Roma, tras haber apelado a Cesar, Pablo tuvo tiempo para escribir tres libros que, junto con Gálatas, forman los cuatro libros más importantes: Efesios, Colosenses y Filipenses. Además, escribió también una epístola personal, dirigida a Filemón.
Filemón era una persona de alta posición en Colosas y también un hermano líder de la iglesia allí. En la carta que le escribió, Pablo habla de una persona llamada Onésimo, esclavo de Filemón, que había huido de su amo. En Roma fue preso junto con Pablo, de él oyó el evangelio y recibió al Señor (Flm 10). Pablo intercedió por la vida de Onésimo en la carta y la envió por medio de él mismo, diciendo: “el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil” (v. 11). El nombre Onésimo quiere decir útil.
Una vez que fue liberado de su primer aprisionamiento, Pablo volvió a visitar a las iglesias y fue a Éfeso. Pero cuando vio la condición de los hermanos en Éfeso, Pablo quedó muy triste. La palabra Éfeso significa deseable, pero la iglesia en Éfeso en esa ocasión no era deseable, pese a toda la labor de Pablo. Aunque oyeron palabras tan elevadas, aparentemente su vivir no estaba a la altura de la revelación que recibieron.
Pablo ya había permanecido en Éfeso por tres años, cuidando a la iglesia y predicando el evangelio (Hch 20:31). Después de la prisión, les escribió una carta que hablaba del dispensar de Dios al hombre. Aun así, parece que los hermanos no reaccionaron positivamente. Al ir a Macedonia, Pablo dejó allí a Timoteo para que amonestara a algunos que se ocupaban de fábulas y genealogías, y no del dispensar de Dios en la fe (1 Ti 1:3 – lit.).
Timoteo no logró cambiar la situación de la iglesia allí, y finalmente se desanimó, por eso Pablo le escribió dos cartas para alentarlo. Timoteo llegó a tener problemas estomacales, probablemente por causa de la presión espiritual y emocional que sufría y de la situación de los santos allí (1 Ti 5:23). En Su segunda carta a Timoteo, Pablo buscó reavivar, o encender nuevamente el don que había en él (2 Ti 1:6).
La condición de la iglesia en Éfeso era lamentable. Aunque había sido el blanco de tantos cuidados de parte de Pablo y había recibido de él una carta tan rica y elevada, algunos hermanos allí estaban envueltos en discusiones y vana palabrería, en lugar de dar atención al dispensar de Dios (1:6-7). Igualmente, algunos tenían enseñanzas diferentes y no concordaban con las palabras saludables del Señor Jesús; antes, eran arrogantes y deliraban acerca de cuestiones y contiendas de palabras (6:3-5).
¡Que el Señor nos salve de caer en una condición así!
¡Que las palabras que oímos lleguen a ser nuestra experiencia y práctica!
Punto Clave:
Cuidar a los santos y a las iglesias.
Pregunta:
¿Usted ha sido un “Onésimo” para el Señor?

La práctica de la verdad
Semana 7 - La práctica de la verdad
Sábado
Leer con oración:
1 Jn 4:7-21

“Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros”(1 Jn 4:11)
En su madurez, Juan fue a Éfeso
Años después de la muerte de Pablo, el apóstol Juan, ya maduro, después de su exilio en la isla de Patmos, fue a Éfeso a servir a la iglesia, según nos cuenta la historia. Cuando llegó allá, ayudó a los santos no simplemente con la verdad en su aspecto doctrinario, sino que también llevó a los hermanos al Espíritu, pues él ya había experimentado al Dios Triuno como el Espíritu de realidad en su interior.
Guiado por el Espíritu de realidad, Juan se acordó de todo lo que el Señor le había dicho durante los tres años y medio, y lo que Él había hecho mientras estuvo con ellos. Esto lo llevó a escribir su evangelio, que relata los hechos y las palabras dichas por el Señor que los otros evangelios no registraron. Fue con tal espíritu que él fue a servir en Éfeso.
La dificultad de la iglesia en Éfeso, de acuerdo con la primera de las siete cartas a las siete iglesias registradas en Apocalipsis 2-3, fue haber dejado el primer amor. Esto significa que ellos no estaban en el Espíritu, pues Dios es amor, y el amor a los otros es el resultado del crecimiento de vida; ese crecimiento ocurre en el Espíritu. Esta era la situación anterior de la iglesia en Éfeso.
No obstante, cuando Juan llegó allí, él ayudó a aquellos hermanos y, después de algunos años, la iglesia en Éfeso se convirtió en el centro de obra, donde muchos fueron cuidados y de donde muchos eran enviados a diferentes lugares a cuidar a otros. ¡Alabado sea el Señor!
En Éfeso, Juan ayudó a la iglesia a volverse al Espíritu, pues en Él está la vida, que se manifiesta por medio del amor. Cuando estamos juntos, e invocamos el nombre del Señor, disfrutamos de la vida de Dios, y como resultado, espontáneamente manifestamos el amor que tenemos por los hermanos y por las personas.
Cuando estamos en el espíritu, no es necesario que seamos exhortados a amarnos los unos a los otros; esto será espontáneo. En Primera de Juan 4:7-8 leemos: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”. Nos amamos porque el Dios que es amor se hizo carne (Jn 1:14), murió por nosotros en la cruz para redimirnos del pecado y darnos vida, resucitó, volviéndose así el Espíritu vivificante (1 Co 15:45b), entró en nosotros y es uno con nosotros (6:17).
Por eso nuestro camino no es reprender, acusar o discutir con las personas, sino conducirlas al Espíritu. De esa manera expresaremos una genuina preocupación y cuidado por ellas, con amor. Alabado sea el Señor.
Punto Clave:
Espíritu, vida y amor los unos por los otros.
Pregunta:
¿Usted ha cuidado a otros con amor para que se vuelvan al Espíritu, crezcan y se amen los unos a los otros?

La práctica de la verdad
Semana 7 - La práctica de la verdad
Domingo
Leer con oración:
Hch 19:24-41; 3 Jn 3-8, 12

“Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad.”(3 Jn 7-Cool
Éfeso llegó a ser un centro de obra
Juan llevó su experiencia a la iglesia en Éfeso y ésta se convirtió en el centro de la obra de donde él envió hermanos a otros lugares. Esos hermanos recibieron vida por medio del vivir de la iglesia en Éfeso y, al salir por causa del Nombre (3 Jn 3-Cool, manifestaban esa vida por medio del amor.
En Hechos 19:24-41 vemos a un platero llamado Demetrio, que le causó muchos problemas a Pablo y a sus cooperadores en la predicación del evangelio en Éfeso. Sin embargo, en Tercera de Juan 12, Juan escribe: “Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la verdad misma; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero”.
Cuando veamos a alguien pecando, nuestra reacción no debe ser de condenación; antes, debemos suministrarle Espíritu, la vida divina y el amor. En una de las unidades del CEPPEV (Centro de Perfeccionamiento para la Propagación del Evangelio), hay varios cepevistas que antes vivían en la calle, otros eran adictos a sustancias químicas. Hay ciertas instituciones que les dan asistencia a esas personas para que se recuperen, pero, una vez que se recuperan, ¿quién les da trabajo? Con un pasado de ese tipo, ¿cómo las podrían emplear? Sin embargo, el Señor prepara todas las cosas. Una excelente opción para esas personas recuperadas es ser un colportor. De esa manera, ellos tendrán una profesión por medio de la cual también podrán servir a Dios.
Hace algún tiempo, recibimos la visita de una hermana de Alemania, una pastora que los vio y los entrevistó, oyó y registró el testimonio de cada uno de ellos. Ella derramaba lágrimas mientras los oía y, al final, nos dijo: “Nosotros no logramos ese resultado en Alemania”. ¡Alabado sea el Señor! Una persona como Demetrio pudo ser transformada. Si hay personas así en nuestro medio, amémoslas y suplámosles vida. ¡Ellas serán transformadas!
En su madurez y después de haber escrito Apocalipsis, Juan fue llevado por el Espíritu a servir en Éfeso. Históricamente hablando, la iglesia en Éfeso pudo representar a la primera etapa de la iglesia. Juan sirvió allí con amor y vida y, debido a eso, la iglesia cambió. En nuestro servicio en la iglesia también debemos ser así: no reprender ni acusar, sino amar. Es necesario amar a los hermanos con el amor que resulta en crecimiento de la vida divina en nosotros. ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: Ayudar a los demás con amor.
Pregunta: ¿De qué modo debemos ayudar a los hermanos que están en pecado?
¡Jesús es el Señor!
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